


Una bolsa biodegradable está diseñada para descomponerse de manera natural, gracias a la acción de microorganismos. A diferencia del plástico tradicional, no deja residuos tóxicos ni microplásticos.
Existen varios tipos: oxo-biodegradables, compostables y biodegradables convencionales.
Biodegradable: se descompone con el tiempo, pero puede dejar residuos dependiendo del material.
Compostable: se convierte en abono en condiciones específicas, sin dejar rastro alguno.
Ambas son mejores que el plástico tradicional, pero la compostable es la opción más amigable con el ambiente.
Cada bolsa que no llega a un río, caño o relleno sanitario hace una diferencia.
Reducimos la contaminación visual, evitamos obstrucciones en desagües, y protegemos animales que pueden ingerir estos residuos.
Además, cada vez más consumidores prefieren marcas que cuidan el planeta.
Busca símbolos como el sello de compostabilidad (), menciones de normas como ASTM D6400, o etiquetas que digan “oxo-biodegradable” o “compostable”.
Evita bolsas que dicen “ecológicas” sin ninguna certificación real. Esa es una práctica conocida como greenwashing.
Sí, suelen costar un poco más. Pero a largo plazo, su impacto ambiental positivo, la percepción de marca que generan, y el cumplimiento de normativas, hacen que valga la inversión.
En Dotafresh creemos que cuidar el planeta nunca pasa de moda 💚